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Los primeros datos sobre la primitiva construcción del templo
parroquial de Santiago Apóstol se remontan al año 1.370, no así del cuerpo inferior de su torre que
data del siglo XII.
Es a partir del siglo XV, una vez que se comienza a repoblar definitivamente la Villa,
favorecido todo ello por los privilegios otorgados para con sus pobladores por la Orden de
Santiago, cuando el templo comience a tomar mayores dimensiones, pasando de una sola nave a tener
tres en el siglo XVII.
Desde su edificación en la Baja Edad Media, el templo ha sufrido
varias restauraciones pudiéndose citar en primer lugar, la que se llevó a cabo en 1.575, la
siguiente de 1.755, y una tercera y definitiva en el año de 1884-85, que es la que le ha dado
forma al actual recinto.
En la cabecera de la nave central, se encuentra el altar mayor
presidido por la Imagen de Nuestra Señora de la Soledad, del siglo XVI, de autor desconocido.
Acompañando a la Virgen, se pueden ver las esculturas de Santo Domingo de Guzmán y la de
Santiago Apóstol Peregrino, ambas del siglo XVIII. Varias son las representaciones pictóricas,
todas realizadas durante el siglo XX, que se despliegan sobre la estructura del citado retablo:
sobre el banco del altar se enmarcan una serie de pinturas neogóticas realizadas por pintor local e
internacional Ignacio Tovar, mientras que la de las calles laterales fueron realizadas por los
pintores Camacho y Rodríguez Villadiego.
La decoración pictórica de la cubierta central fue realizada por el pintor local Juan Oliver
hacia 1960.
A los pies de
la nave podemos observar un coro alto, con un órgano del siglo XIX, y dos escudos, uno de la Casa
del Conde Duque de Olivares y el otro de la Orden de Alcántara; dos pinturas pertenecientes al
antiguo retablo mayor, están colocadas debajo del coro, una con el Corazón de Jesús y otra con el
Corazón de María.
La nave del Evangelio arranca con una capilla situada en su cabecera
en la que existe un Calvario formado por las esculturas de María Magdalena, del siglo XVII, y las
de San Juan y María Santísima de los
Dolores, esta última procedente del extinguido convento franciscano de la O. En una urna de
madera dorada y cristal, de estilo barroco está el Cristo de Los Remedios, que durante siglos tuvo
la particularidad de tener articulados sus brazos, gracias a lo cual se celebró hasta finales del
siglo XIX por la Hermandad de la Soledad, del que es Imagen Titular junto con Nuestra Señora de la
Soledad y Santiago Apóstol Ecuestre, el “Sermón del Descendimiento”. La talla del
Cristo está atribuida al escultor Marcelino Roldán, hacia 1710. El título completo de la mencionada
Hermandad es el siguiente:
PONTIFICIA, REAL E ILUSTRE HERMANDAD SACRAMENTAL DE SANTIAGO APÓSTOL Y COFRADÍA DE NUESTRO
PADRE JESÚS DE LOS REMEDIOS EN EL SANTO SEPULCRO Y NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD (agregada
desde 2005 a la Archicofradía Universal del Apóstol Santiago). Completan esta capilla dos lienzos,
el de la Santísima Trinidad del siglo XVIII, y San Jerónimo del XVII, atribuido a José de
Ribera.
Más adelante existe una hornacina que cobija la talla de La
Inmaculada Concepción del siglo XVIII, de la escuela de Alonso Cano. En la parte superior del muro
se halla el Santísimo Cristo de la Vera Cruz, realizado en el siglo XVII, cuya hermandad se fusionó
en 1795 con la de la Soledad. A continuación se ubica un retablo neoclásico presidido por la Imagen
de Nuestra Señora de la O, obra de Francisco de Ocampo de hacia 1625; dicha escultura presidió el
retablo mayor del convento franciscano. Otras imágenes de este retablo son: San Cayetano, del siglo
XIX, y un San Juanito y un Niño Jesús del XVII, atribuido a los Ribas. Pasada la puerta del templo
se encuentra otro retablo presidido por la talla de Nuestra Señora del Rosario, atribuida a Miguel
Adán. Cierran esta nave dos puertas que dan acceso a una cripta y al coro.
En la nave de la Epístola, comenzando por su cabecera, está la
capilla Sacramental o Sagrario, presidida por la Imagen del sagrado Corazón de Jesús realizado a
finales del siglo XIX; a ambos lados, en las calles laterales se ubican las esculturas de San Diego
de Alcalá y San Pedro de Alcántara, ambos del siglo XVIII. En el resto de la instancia vemos
lienzos de San Alejandro, San Isidoro, la Santa Faz y la Flagelación del Señor, todos realizados a
finales del XVII. Tras la puerta de un almacén que posee el templo, se halla un retablo neoclásico
presidido por San José con el Niño Jesús en los brazos, la imagen del
Santo del siglo
XVIII y la del Niño del XVII. A continuación un retablo neobarroco donde se localiza la otra Imagen
Titular de la Hermandad de la Soledad,
Santiago Ecuestre, tallado por
Juan de Astorga hacia 1820; entre ambos retablos se
encuentra una pintura de Nuestra Señora del Rocío, realizada por el citado Oliver.
Seguidamente, otro retablo de finales del XVII, presidido por la Imagen de
San Francisco de Asís, con diadema, crucifijo y banderola de plata, todo del siglo XVIII; sobre el
retablo existe una interesante pintura sobre cobre, en la que se representa la Presentación de
Jesús al Pueblo. Cierra la nave la Capilla del Bautismo, cuya estancia contiene una Pila Bautismal
del siglo XVI, realizada en barro verde vidriado, con decoración en relieve vegetal y
antropomórfica.